Escatrón y la verdadera historia de San Jorge

Para todos es conocida la historia de San Jorge, ha pasado de generación en generación y explica cómo un valeroso y apuesto caballero salvó a una princesa de una muerte terrible matando de un solo golpe de lanza al malvado dragón que la acechaba; de su sangre brotó una rosa que Jorge entregó a la dama en señal de salvación y amor…

San Jorge rescatando a la princesa

San Jorge rescatando a la princesa

Nada más lejos de la realidad: la verdadera historia de San Jorge y el dragón siempre estuvo ahí, en la Villa de Escatrón, dentro de un cofre, dentro de una cueva. Es ya es momento de que darla a conocer.

Escatrón se encuentra en lo alto de un cerro, el río Ebro baña sus orillas y justo en frente, en los terrenos del Monasterio de Rueda, encontramos un conjunto de montañas no muy altas de piedra caliza.

Todos los habitantes del pueblo conocen la existencia de cuevas. En una de ellas, no hace mucho tiempo, apareció un cofre cerrado bajo un manto de polvo. Una vez abierto, todos los allí presentes, nos quedamos asombrados ante el magnífico tesoro guardaba en su interior: un libro.

Cofre

El cofre contiene la verdadera historia de San Jorge

 

Era un libro grande, antiguo, muy antiguo, tanto que parecía que se iba a deshacer con sólo mirarlo. Estaba escrito en una lengua que no conocíamos así que decidimos mostrárselo a una de las personas que más conoce el pasado de nuestro pueblo. Reconoció la lengua y, antes de que por arte de magia, sin la protección de aquel cofre cerrado, se borraran todas las páginas,  pudo leernos lo siguiente:

La verdadera historia de San Jorge

Los habitantes del pueblo de Escatrón vivían en paz y armonía, cultivaban la tierra y cuidaban sus animales. No existía el hambre y se respiraba alegría por todos sus rincones.

Todo cambió una noche cerrada de invierno…

Algunos aseguraron haber oído una especie de aleteo acompasado…

El dragón vuela sobre el Monasterio

El dragón vuela sobre el Monasterio de Rueda

 

Lo cierto es que a la mañana siguiente pudieron comprobar que todos los campos estaban arrasados, nada quedaba en ellos y los animales habían huido presas del miedo…

Nadie entendía qué es lo que había ocurrido. Todos se reunieron en la plaza de la Villa y fue cuando Pedro, un hombre que vivía en una de las calles adyacentes al Tozal y que había viajado mucho, se atrevió a decir:

– Creo que esto es obra de un dragón, he podido ver lo mismo en otros pueblos de España.

Se hizo el silencio. Todos sabían lo que eso significaba. Habían oído atrocidades al respecto.

– ¿Y qué podemos hacer? –preguntó el tío Marcos-

– Me temo que nada – contestó Pedro – sólo esperar a que se vaya. No tardará mucho. No suele estar más de 3 ó 4 días en una misma población.

-Pero arrasará con todo! ¡Todos sabemos el ansia de estas bestias! ¡No podemos exponernos a que acabe con todas nuestras cosechas! El invierno es duro y no tenemos muchos alimentos en nuestras despensas – dijo la tía Carmen

-¡Es cierto! – contestaron al unísono –

– Si acaba de llegar, aún estará aquí 3 días más… Sólo serían 3 personas, una por día. Con esto aplacaríamos su hambre y podríamos mantener lo poco que nos queda – dijo el tío Rogelio-.

Al entender lo que el tío Pascual quería decir vieron, por necesidad, que no era mala idea. Difícil de asimilar pero, sin duda, la mejor solución.
Optaron por realizar un sorteo. allí mismo, entre todos los habitantes de la villa. Las personas que saliesen electas deberían ir solas ante el dragón y sacrificarse en favor de todos sus amigos.

El primer nombre que salió: Martina

papeletas con nombres

Los habitantes de Escatrón realizaron un sorteo para elegir a quienes debían sacrificarse

 

Martina era una niña decidida, animosa y alegre pero la idea de servir de comida a un dragón le producía, evidentemente, pavor.

Debía hacerlo, por su gente, así que emprendió la marcha al encuentro de esa mala bestia.

En la barcaza, antes de cruzar el río, la esperaba su amigo Manuel ¡No la iba a dejar sola en este delicado entuerto! Y juntos se dirigieron a su destino, conscientes de que jamás volverían a correr por la calles de su bonito y amado pueblo.

En seguida supieron cuál era la cueva habitada por el monstruo: no había duda, la entrada estaba completamente calcinada. Se acercaron y con voz débil, presas del pánico, emitieron un casi inaudible “¡Hola!”.  Nada más pronunciarlo escucharon un alarido terrible seguido del ruido inconmensurable de unos pasos cada vez más cercano. En seguida pudieron ver, claramente, la figura del animal.

-¿Qué queréis? ¿Qué hacéis aquí? – rugió el dragón –

No se extrañaron de que les hubiese hablado; de hecho no se dieron ni cuenta de lo que estaba sucediendo, tal era su espanto. Martina se limitó a contestar:

-Vengo a que me comas y así salvar mi pueblo.

A lo que siguió diciendo Manuel con gran valentía:

-Y yo vengo a impedirlo!

El dragón empezó a reír. Su risa era estruendosa pero pegadiza y algo cómica a la vez.

-¿Qué me coma a quién? – dijo – ya estamos, Jorge, con la historia de siempre. Yo no como personas ¡Qué asco!

-¿No comes personas? – se sorprendió Martina.

-¿Entonces? – siguió Manuel – ¿Para alimentarte vas a seguir arrasando el pueblo? ¿Lo vas a dejar hecho cenizas? ¿Qué quieres? ¿Qué necesitas? ¿Qué te podemos ofrecer para que nos dejes tranquilos? Y, por cierto, ¿Quién es Jorge?

-¡Jorge soy yo!

Un muchacho de unos 18 años, alto y bien parecido emergió de las profundidades de la cueva.

– Y él mi amigo Bernardo, el dragón. Juntos recorremos las villas de España en busca de calma y sosiego. No debéis preocuparos por vuestras cosechas, su fuego no hace más que incrementar la producción del campo y los animales volverán en cuanto no hayamos ido.

Nuevas cosechas

El fuego del dragón estimula el crecimiento de nuevas cosechas

 

Martina y Manuel se sentaron junto a Bernardo y Jorge un poco desconcertados. Martina se animó a preguntar.

– Habéis dicho que buscáis calma y sosiego ¿A qué os referís?

– Huimos de los “Malbaus” – contestó Bernardo- Una sociedad secreta que cree que la sangre de dragón da la vida eterna – dijo seguido de una carcajada triste – Lo cierto es que sólo quedamos tres dragones en España y hemos tenido que crearnos esta fama de malhechores para protegernos en la medida de lo posible.

-Por eso siempre viajamos de noche, a poder ser en invierno, y nunca estamos más de tres días en una misma población – añadió Jorge –. Lo cierto es que no nos va mal… lo triste es que Bernardo nunca tiene la posibilidad de hablar con nadie más que no sea yo.

Siguieron charlando un buen rato. La conversación fue de lo más entretenida ,  llena de anécdotas contadas por nuestros viajeros de la cueva.

San Jorge y el dragón cuentan su historia al calor de la hoguera

 

 

 

Antes de partir otra vez hacia Escatrón a Manuel se le ocurrió una idea:  escribir “La leyenda de San Jorge”. Una en la que “un valeroso y apuesto caballero salvó a una princesa de una muerte terrible matando de un solo golpe de lanza al malvado dragón que la acechaba; de su sangre brotó una rosa que Jorge entregó a la dama en señal de salvación y amor…”

Habiendo prometido que jamás revelarían el secreto, Manuel y Martina regresaron a sus casas.  Explicaron que el dragón ya no estaba cuando fueron a su encuentro y que habían estado buscándolo hasta entonces.

Nuestros héroes escatroneros cumplieron su palabra y escribieron no una, sino 2 historias: la decidida en la cueva que ayudaría a mantener a salvo a Bernardo y “la verdadera historia de San Jorge” que guardaron en un cofre dentro de la cueva y que os acabo de relatar.

De Jorge y el dragón jamás se supo… aunque no confiéis. Si alguna noche cerrada de invierno, oís un fuerte aleteo, mirad hacia las cuevas porque puede que nuestros amigos hayan vuelto.

FIN

Nota de la autora:

Evidentemente “La verdadera historia de San Jorge” es un relato inventado; un cuento que explico a mis alumnos en esta fechas tan importante. Lo sitúo en Escatrón, mi pueblo, y los personajes principales son mis abuelos, Manuel y Martina; también aparecen diferentes “tíos” y “tías” con los que compartí mi niñez ¿Por qué no? Es sólo una fábula en la que no “hay malos” y en la que nadie sufre consecuencias terribles por sus fechorías como sucede en prácticamente todos los cuentos tradicionales. Podría extenderme más pero no podemos olvidar que hoy es 23 de abril y celebramos el día de San Jorge. Para ser honestos con la verdad, son muchas las leyendas que le acompañan. En su vertiente histórica, la relación de San Jorge con Aragón comienza en el año 1096 con la ayuda prestada por el santo al rey Pedro I de Aragón en la reconquista de la ciudad de Huesca en la batalla de Alcoraz ganada por los aragoneses, siendo así Huesca la primera ciudad musulmana incorporada al Reino. Tras esta batalla, y sobretodo a partir del siglo XII, se populariza la su protección sobre la corona de Aragón, dando lugar a nuevas tradiciones sobre apariciones suyas en combates. Pero, sin duda, La leyenda más difundida de San Jorge es la del dragón. En ella se nos presenta a nuestro santo como un soldado o caballero que lucha contra un ser monstruoso (el dragón) que vivía en un lago y que tenía atemorizada a toda una población. Dicho animal exigía dos corderos diarios para alimentarse a fin de no aproximarse a la ciudad ya que desprendía un hedor muy fuerte y contaminaba todo lo que estaba vivo. Los ganaderos se quedaron casi sin ovejas y decidieron que se le entregara cada día una persona viva, que sería escogida bajo un sorteo. Un buen día, le toco la “suerte” a la hija del rey, pero, cuando el monstruo iba a comérsela, San Jorge la salvó.

Hay muchos más datos interesantes sobre su figura, así como muchas otras vertientes de las diferentes historias relatadas bien vía oral o escrita pero eso lo dejo ya a la curiosidad de cada uno. Lo cierto es que cualquiera puede creer en la leyenda que quiera o como en mi caso, crear una propia siempre que no perdamos el sentido de la moraleja que tiene que imperar en cada una de ellas “el bien siempre debe vencer sobre el mal” tal y como representa en su imagen (mítica o no) nuestro santo patrón.

¡Viva San Jorge! 

Susana Valero es profesora de Infantil y licenciada en psicopedagogía.

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